Historias

¿Y mi sillita?

Esta historia es sobre una niña, que una tarde, del primer año que asistía al jardín de niños, su mamá le dijo que irían a comprarle una sillita para su escuela. La escuela era nueva y había pedido a los padres de familia, como parte del material, que llevaran una silla pequeña de madera para donarla.

El fin de semana la niña muy entusiasmada acompañó a su mamá a comprar la sillita, misma que eligió con mucho esmero. De entre muchas sillas, observó los distintos colores y formas de los respaldos.

El lunes siguiente, la niña entró a la escuela con todo y silla, la llevó a su salón, la puso en su lugar y se sentó. A la salida tomó su silla, la colocó en el patio (ahí, en esa escuela, los estudiantes esperaban a que llegaran por ellos) y se sentó. Cuando le avisaron que ya se iba, tomó su silla y se dirigió a la salida. Ya en la puerta y sin entender bien la razón por la cual no le permitían llevarse a su casa “su” silla, se resignó, con gran tristeza y sin más remedio, tuvo que desprenderse de ella.

Todos los días sucesivos, llegaba directo al salón a buscar su silla, si por algún motivo estaba en otro lugar, iba por ella y se sentaba. Hasta que un día llegó y se encontró con la abrumadora sorpresa de que habían pintando todas las sillas, del mismo color.

Esta historia me conmueve mucho, ya que se puede comprender un poco el pensamiento infantil, los niños no son adultos pequeños, tienen sus propias formas de ver, entender y vivir los hechos a su alrededor. En esta historia quizá la mamá no le explicó que la silla no era de ella, que la iban a donar a la escuela o quizá sí le dijo, pero la niña no sabía el significado de donar. Así que, para la niña, la silla era suya.

También se puede notar que hay objetos a los cuales los niños les dan un valor sentimental, que los adultos no nos damos cuenta y no nos percatamos de la importancia que determinado niño o niña le da a determinada pertenencia. Por lo tanto, no entendemos la razón de que quieran llevar ese peluche roto a la boda de la tía, su cobijita (objeto transicional) a la escuela o cuando dos niños se pelean por el mismo vaso.

Para evitar estos malos entendidos debemos anticipar a los niños de lo que va a suceder, en este caso, decirle a la niña que van a comprar una silla, que va a poder elegirla, pero que no es de ella, que será para todos los niños de su escuela. Y al final corroborar que haya entendido, haciéndole algunas preguntas.

Estando un poco más atentos a los niños, podemos evitar que se sientan mal, peleas y algunos malos ratos. Y digo, algunos, porque es imposible saber qué pasa por la cabeza de los pequeños.

¿Te ha pasado que recuerdas una experiencia de una manera y cuando la platicas, tus hermanos mayores o papás te dicen que fue de otra manera, o te dan más datos que tú habías pasado por alto? Y entonces, el recuerdo, la historia da un giro y con ella también, tus emociones.

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